La pizza que nunca llega
Escrito por - Dela
07 Abril
2016

Hasta hace unos meses, las conversaciones más duras y críticas que uno podían mantener en los corredores y callejones de Arco de León eran las de los asuras y charrs que, encrespados, clamaban y gimoteaban una y otra vez debido a que la mayor parte de las armaduras y aspectos están ideadas por y para los humanos. Para ladronas humanas, tengo que añadir.

Pero desde la salida de Heart of Thorns, un conjunto de clamores cada vez menos silenciosos recorren nuestro querido universo. Y es que son muchos los que sienten que desde Arenanet, no se está haciendo todo lo que se debe y puede.

Armas legendarias que no parecen ver la luz, historia de discutible calidad y poca progresión son solo la cúspide de esa montaña de alfileres que poco a poco va mermando el ánimo de los jugadores. Prefiero no enumerar cada carencia pues son muchas las faltas capaces de hacernos olvidar lo mucho que hasta día de hoy Guild Wars 2 nos ha brindado al igual que los pretextos, excusas y argumentos que se han usado desde los círculos próximos a nuestro mundo de bits. Problemas y soluciones al viento que día tras día ocupan el chat verde local:

- Guild Wars comienza a oler.

- ¿A oler mal?

- No, huele a pizza fría, a pizza que nunca llega.

 

Me explicaré:

Son las diez de la noche de un sábado. Acabas de salir de un trabajo que no te gusta pero durante toda la tarde has vestido una sonrisa obligada en tu cara, un gesto que obligada sale a tu rescate cada cierto tiempo antes de que termines enloquecido. Como si fuera poco, has intentado desfogar con la Raid pero el druida de turno decide no curar y los estandartes de tu guerrero no se mantienen en pie sobre el suelo. Apagas tu pc cansado de todo, agotado como para salir tan siquiera a bajar la basura, planeas ver esa película que has visto centenares de veces y que no te cansarás de ver. Abres la nevera y al fondo, bajo un paquete de salchichas de marca blanca abierto desde hace días y dos tomates arrugados de color poco apetecible, sacas esa cerveza de reserva. Llámese de reserva, llamémosla de emergencia. Treinta y tres centilitros que te saben a pre legendaria reposados en una lata de aluminio tumbada en lo más recóndito de esa fría gruta de Jormag que llamas nevera. El estómago ruge poderosamente como un acechador de la selva en el momento que recuerdas ese papel de propaganda churretoso que te dejaron en el buzón y conviertes la sonrisa, antaño obligada, en la más pura y sincera tras leer una sola palabra que parece brillar en tono ascendido: Pizza. Desbloqueas el teléfono, escribes el número y esperas entusiasmado los treinta minutos que te dicen que tu pedido tardará como máximo. Esperas veinticinco minutos, treinta y cinco, cuarenta, sesenta…

Hora y media hasta que el timbre decide sonar.

Ese manjar, ya sea de estilo italiano o americano, ya no te sabrá igual. La textura de la masa y la acidez del tomate pueden rozar la perfección, el queso desbordar por cada cuña y porción pero en tu cabeza baila un pensamiento mientras la devoras.

- No tenía que haberle abierto la puerta.

No la disfrutarás, no al menos como pensabas, no te regocijarás en su sabor del mismo modo.

Supongo que si no habéis sentido algo similar, puede que cambiando alguno de los factores os sea familiar. Ahora pensad, ¿Es la pizza el problema? No, y eso mismo nos ocurre con el rumbo que ha tomado Guild Wars 2 los últimos meses.

Es mi opinión y paladar, Guild Wars 2 es mi pizza, posiblemente la de muchos de vosotros, vuestro plato preferido. Somos muchos los que no solo degustamos su sabor, sino su historia, el pasado de sus ingredientes y creadores, su evolución, todo. Mentiría si no dijera que he probado de otros platos teniendo una porción caliente ante mí, unas por curiosidad, otras por puro aburrimiento pero cada MMO que he tocado tras el 25 de agosto de 2012, me sabe a pan pizza ultra congelado y recalentado cuya labor agradeces tras  las seis de la madrugada pero que no repetirás a menos que tu vida dependa de ello. Pero odio que mi comida llegue tarde porque una promesa incumplida amarga el propio azúcar.

Sé que las bases del juego son crujientes a la par que esponjosas, el sistema de batalla e historia están debidamente especiados y el apartado artístico es fresco y de buen aroma. Heart of Thorns mantiene esos ingredientes, el cuidado de salsero y cocinero, la receta que triunfó. Pero vender la progresión y contenido que luego no vas a mostrar o no cuando debes hacerlo como el repartidor que te trae la comida fría y horas después de que la película terminase y la cerveza ya recorre las tuberías bajo tu piso, hace que muchos hayamos pensado en cenar falafel alguna que otra noche.

Marcarse metas demasiado altas, por muy buenas que sean tus intenciones, es un fallo muy grave. Lo sé cómo estudiante de una carrera de económicas y lo sabe cualquiera sin estudios básicos. No olvidemos que ante todo es un juego, un producto en un mercado muy competitivo.

Tampoco olvidaré que para mí, un trozo de pizza fría es mejor en la mayoría de ocasiones que un perrito caliente o que cualquier bol de noodles de pollo.

Así que seguiré cogiendo trozos de la caja de cartón aceitada mientras aparto el exceso de aceitunas negras en forma de Temerarias humanas vestidas con la racial Tier 3 “underboob” hasta que el timbre vuelva a sonar y el aroma a pollo, salsa barbacoa y mozzarella llegue hasta mi puerta en forma de cambio…

… Y no, ese cambio nunca será la Super Adventure Box, puede quedar muy bien en ensalada pero justo ahora es imposible verlo como más que la zanahoria atada a un palo dentro de Guild Wars 2.

 

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