La música del silencio
Escrito por - Dela
23 Agosto
2016

"Pero es cuando todo rebulle cuando más merece la pena pararse, colocarse de puntillas y mirar el barullo desde la lejanía para saborear y admirar, La música del silencio"

En las últimas dos semanas, Tyria ha recobrado la vitalidad que tanto había echado en falta, y que tanto le había reprochado a las almas pensantes de Anet. Las incursiones pueden estar bien, pero para mí son poco más que encerrarte en una habitación a escuchar música en un casete esperando a que termine la cara A para darle la vuelta, cuando fuera de esa habitación, tras la puerta y a través de la cerradura se puede intuir los ecos del verdadero recital. Un concierto repleto de cristales rojos, miradas desposeídas de alma enfurecidas por la magia de la hematites y francotiradores de martillos o vascos estereotipados disfrazados de Caballeros del Manto Blanco.

         Como ya he dicho, rebosa vida, ya sea por la  hematites, por el calor del verano o por las ansias insaciables de farmear de la comunidad. Se ha renovado lo que había parecía muerto y anticuado la magia elementalista ha sido necesariamente equilibrada y la historia viviente te dibuja una sonrisa certera al escuchar el primer chascarrillo de Rytlock.

         Pero es cuando todo rebulle cuando merece realmente la pena pararse a tomar aire, colocarse de puntillas y mirar el barullo desde la lejanía para degustar y admirar, La música del silencio.

         Esperad, es de obligado cumplimiento hacer un inciso. No puedo perder la ocasión de recomendar estas perlas sobre papel y tinta. Si aún no has podido leer El nombre del viento o El temor de un hombre sabio, no te arrepentirás. Un día me recomendaron ver Gravity Falls, jugar Bioshock Infinite y Borderland 2 o catar la hamburguesa con salsa de cebolla y pepinillo y me faltará tiempo para agradecérselo a quienes lo hicieron. Pongo la zarpa en el corazón de la Ciudadela de la Llama y no me quemo si te digo que tampoco te arrepentirás de leer esos libros, los mismos que me animaron a escribir el primera relato de poco más que unos enunciados que ahora son parte de tres libros. De los primeros tres.

Si alguien conoce esta obra de Patrick Rothfuss, La música del silencio, puede que comprenda a lo que me refiero sin seguir perdiendo el tiempo con estas líneas. Hablo de un libro de poco más de cien páginas, corto en comparación con sus demás obras dentro de Crónicas del Asesino de Reyes donde el narrador es poco más que un narrador de la brillantez y la sinfonía escondida tras un engranaje o unos dedos sucios.

Sugerencias aparte, intento hacer mención a ese clamor casi silencioso de fondo que nos acompaña por Tyria, formado por pequeñas briznas de historia, credo y moral que te mantienen enganchado incluso en las horas más bajas cuando parecía que el tarro de las ideas había tocado fondo.

Como buen support de por vida, me decido a dar vida a una nueva druida. La senda del Guardián arde con fervor en mi álter ego Krytense (¿o era Krytano?), pero tengo que sosegar esas voces que tanto echan en falta mi Tomo de valor con el que tanto he disfrutado. Entre mis compañeros de 0 y 1 ya contaba con un Guardabosques, un humano de pelo níveo y con la cara marcada como el poste de rascar de un cachorro de la Legión de la Sangre, pero el rol me pedía algo más acorde a mi boli Bic mordisqueado y libreta de media cuartilla, que a mi ratón y G13. Sin darme cuenta, doy vida, en una Sylvari, a un personaje secundario de mis libros, uno de esos que con unas solas palabras escritas sobre él, ella en este caso, te clama a gritos que seas testigo, narres y hables sobre lo que está por pasar, lo que su pequeña ballesta y su escudo pavés… dejaré los spoilers para otro momento.

En el banco tengo cofres de armas y armaduras suficientes para que vista de reluciente equipo ascendido, busco esas exactas calzas y botas con las que había nacido en mi imaginación, paso varias horas tintando su ropa (no exagero, lo mío es una enfermedad), y finalmente elijo un punto al azar dentro de Tyria. Estrecho de Gorjaescarcha, punto de ruta de Fulgor de Hielo Azul.

No han pasado ni cinco minutos cuando los escritos de los kodan, sus adivinanzas sobre el equilibrio y las tristes narraciones y comentarios en forma de suspiro me recuerdan el motivo por el que huyeron de su frio norte. Solo escapo para no ir demasiado lejos hasta las páginas de la wiki de Guild Wars 2 y perder lo que queda de tarde entre páginas y páginas de lore que sin saber cómo, me llevan hasta la receta de Peras glaseadas.

La música que desprende la intensidad de las incursiones, la ferocidad de una buena zerg de McM, el bullicio de los eventos de mapa, nada de eso tendría motivo sin ese silencio de fondo que todo lo enmaraña, desde un buen libro que no desea contarte nada más que el gusto por narrar, a un santuario de hielo y osos polares que deriva en el océano. 

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