Semana 40

"No hay enemigo pequeño, ni montaña que no se pueda escalar..."

Matchup correspondiente a la 40ª semana de este año. Rivales: Jade/Arborstone y Kodash.

Escribo estas líneas con la incertidumbre del resultado de uno de los más sorprendentes enfrentamientos en que Baruch se ha visto en los últimos meses. Aunque el que suscribe tiene bastante claro quién será el vencedor, el sabor amargo quedará en la boca de cada jugador de Jade, mientras que un dulce sabor será lo que deguste el baruchiano tras esta semana. Pero nos estamos precipitando, así que volvamos al principio...

Fin de semana de lo más habitual, con Jade y Kodash apabullando con full maps que arrasaban cual Atila con toda hectárea de tierra que pisaban. El ya común focus hacia Baruch durante el fin de semana quedó plasmado en un T3 en nuestro mapa por parte de los franceses, dando ya una pista de lo que nos cabía esperar para el resto de semana; no en vano, Jade llega a llenar dos mapas sin problemas -curioso, por cierto, que Jade tenga satélite y no esté "completo"-, junto con la amplia cobertura de que gozan gracias a sus primos de ultramar. Del lado germano, nada nuevo que contar: amplios números durante el fin de semana, amén de los "prime time" diarios, pero con evidentes señas de compartir población -en la forma de multicuentas- con Ribera y Abbadon; sólo es preciso un breve vistazo a la evolución de los servidores alemanes para darse cuenta de este detalle, los datos están ahí para quien quiera corroborarlos.

El domingo por la noche, con el T3 saludando a todo baruchiano que pasaba cerca -junto a las hordas enemigas que saltaban a la mínima mirada que se le echara a los muros-, ya se pudo apreciar un extraño panorama. Tal y como he mencionado previamente, Jade tiene claramente mucha población -más que Baruch, sin duda-, pero el domingo por la noche había desaparecido casi toda en el horario nocturno; sólo la habitual blob de Eternos que saltaba de vez en cuando a recuperar o defender en las fronteras era toda la presencia gala que se encontraba uno. Ante esta circunstancia, Baruch lanzó una ofensiva por dos -y hasta tres- frentes en una guerra de desgaste con la intención de tumbar ese insidioso T3. Tras cerca de cuatro horas de continuo tira y afloja, de palos a cada centímetro de terreno que se cruzaba y bajo una apabullante cantidad de daño de asedio, el waypoint desapareció del mapa. Aquella Bahía de tono azul, con el waypoint, encendió una hoguera en Baruch. El deseo de revancha se alimentó, escalando a niveles pocas veces visto en el pasado, y el ansia por devolver tal ofensa a los galos se extendió como la pólvora.

Baruch clamaba venganza.

Jade se relajó hasta casi desaparecer en la mayoría de horarios, y tal desprecio por parte de los galos -que pensaron que con los puntos sacados en el fin de semana ya tenían asegurado el matchup- se vio premiado con una ofensiva sin precedentes. Con Kodash de mero espectador -y pecando de oportunismo en varias ocasiones a lo largo de la semana-, el focus estaba decididamente puesto en Jade. Y si bien la primera sangre fue para los franceses, la respuesta baruchiana fue tan tajante como el corte de una albaceteña en mitad del vientre, dejando las tripas del enemigo al aire. Se plantó un señor T3 en Colinas de Jade que duró casi cuatro días, con el esfuerzo y colaboración de muchos, junto con un T3 en Piedraniebla, fueron la respuesta de Baruch al desplante francés; todo hay que decirlo, el hecho de tener el miércoles como día festivo ayudo mucho a que los números acompañasen para tal menester.

Al llegar el jueves por la mañana, la expresión de incredulidad de los Jade debía ser delirante: catorce puntos les relegaban al segundo puesto, con Kodash pisándole los talones. El precio por su desprecio amenazaba con hacerles caer varios puestos en la clasificación, y se impuso una apresurada llamada a las armas entre los franceses. Cayeron ambos T3 y se lanzaron como lobos a por Baruch para enderezar un matchup que ellos solos estaban echando por tierra. La diferencia se redujo, aunque aguantó hasta los cinco puntos a la noche, y se logró mantener hasta la mañana del viernes. Pero Jade ya había aprendido una dura lección para entonces, y no ha dejado de apretar hasta la hora en que esta crónica se está escribiendo.

Con todo, el sentimiento de vergüenza no se lo quita nadie a Jade, un servidor que ha ido de sobrado antes de tiempo, y que a punto ha estado de perder el matchup. Incluso ganándolo, la pérdida de rating es una herida que les tardará mucho en cicatrizar. Y es que ni los valentones que obraban y moraban en la Villa y Corte en tiempos del ilustre Quevedo habrían osado ser tan prepotentes, pues sabedores de lo peligroso que es el español, antes de dejarlo tumbado con una herida, prefiere golpearlo un par de veces -y hasta patearlo otro par más- con tal de asegurarse que el caído no se levantará para cumplir rendida venganza.

Oprobio, Jade, oprobio. Nunca hay que dar por muerto al espadachín sin antes rajarle el cuello.


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