El dado esférico
Escrito por - Dela
15 Noviembre
2016

El rol es la capacidad en la toma de decisiones y el libre albedrío. ¿Disfrutamos de esa libertad en Guild Wars?

     Esa buena canción que subsiste y perdura durante semanas que son meses, crea una cadencia mediante notas que, una vez unida según su orden y criterio, difícilmente las volverás a escuchar con el mismo agrado por separado. Del mismo modo, los primeros fríos se enlazan al crujir anfitrión de la lumbre y ascuas bajo las enaguas,  formando una base rítmica en la que los dados de veinte caras tintinean con devoción.

     Este ha sido un fin de semana forjado en rol, ficha, dado de veinte y garabatos que alzan un mapa donde sumergirse. A decir verdad, poco me ha importado el donde, ya sea en un mundo consumado en el metal enano y los pies peludos de un mediano como Dragones y Mazmorras, o que vive y reside puramente en la creatividad de nuestro master y narrador de turno, roleando dentro de un mecha descomunal con el único propósito de ver el mundo arder o quedar atrapado en la red de plasma de tu compañero, si las tiradas así lo deciden.

     No habré jugado más de cinco o seis veces, lo descubrí pocos años atrás, ya entrado en los veintimuchos de edad. Las primeras veces, temí aburrirme, acostumbrado a que un hechizo se cargue en lo que tardo en pulsar con el ratón o en un adelante, atrás y patada baja. Pero pensándolo bien, siempre he roleado. Que estés leyendo esto te delata, pongo mi mano sobre Primordius y no me quemo al decir que tú también has roleado aunque no siempre de manera consciente.

     La primera vez fue de manos de Tyris Flare, poderosa amazona de Yuria. No te suena, ¿verdad? Quizá si te digo: la tía del Golden Axe (1989), la de la magia tocha, y tienes más de dos décadas sobre esos lomos de charr que llamas espalda, te venga a la memoria. Recuerdo ser pequeño, demasiado para manejar un mando, menos aún para saber de lo que iba: había colores, sonidos estridentes que se asemejaban a gritos, a música, y un enano dando zurras con su hacha. ¿Qué más podía pedir? Mi papel era sencillo, intentar mantener la vida o perderla la cantidad menor de veces para usar “la magia” cuando me lo indicaban, mientras mi hermano o alguno de mis primos mayores se encargaban de repartir con su hacha de doble hoja el mismo dolor que el combo medido de pozos de necro en Mundo contra Mundo. Ese enano vestido como Zeld… Link podía ser el azote de los Dragones Ancianos desde la Tierra Media mientras engarzaba las Gemas del Infinito en la Ocarina del Tiempo. Solo si le apetecía.

    Sin embargo, de manera inconsciente ya daba mis primeros pasos en el mundo del rol. Opte por unos atributos, un personaje de menor constitución, menor fuerza pero mayor inteligencia. Elegí un elementalista o un hipnotizador de Tyria; una hechicera o maga de Dragones y mazmorras.

     Y las decisiones continuaron: Escogí españoles, su rápida potencia de pólvora y monjes convincentes en The Conquerors, el estilo escurridizo de Trickster para el descarado semidemonio en Devil may cry 3, la seductora y coherente verborrea en forma de bicicleta de carne de Krieg en Borderlands 2 o la constante de un Pidgeotto desde mi primer Pokémon Rojo.

     Elecciones, en ocasiones contrarias entre sí pero que se guían un mismo patrón.  Era el héroe, el arma o el bando que bajo mi punto de vista sería el azote para villano y el remedio para el problema. Donde yo encajaba.  

     Cada una de esas experiencias, fueron capítulos de un acercamiento casi inconsciente al rol. Guild Wars no fue la excepción. Doscientos años atrás (o en los dos miles, según se vea), muchos de nosotros elegimos un continente y una profesión que pudimos combinar alegremente. En mi caso, vestí la armadura albina de un paragón eloniano acompañado de una hiena procedente del Mirador de Cristal. Vi la podredumbre que cubrió Cantha por los ojos devotos de una monje de Kaineng. Tyria se convirtió en un campo labrado que tras más de doscientos años dio fruto a un descendiente guardián.

    Quizás mi primer alter mediante quien fui y actué, más allá del juego. La prolongación de Dela en músculo y tuétano nació ataviado de noble devoto de Kormir. Aún no había trasteado una partida de rol clásico con dado por lanza y portaminas como escudo. Decidí adentrarme un paso más en ese mundo, sinuoso y dubitativo como el límite de La Niebla. Creé una ficha, un pasado, moral, manías, debilidades, sueños, aptitudes… La primera vez que escribí con seriedad. Un día la compartiré por este grifo mensajero.

     Sin embargo, por muchas que sean las ventajas y propiedades que desee atribuirle a Guild Wars 2 como buen fanboy déspota que se precie, los trazos del rol en las costa bañadas por el Océano sin Fin, como en la totalidad de los juegos multijugador en línea, difícilmente llegarán al nivel de dado por un master armado con un dado y lápiz de propaganda. La “r” de mmorpg puede que signifique rol, pero es de uno diferente, como el café descafeinado, una cerveza isotónica o un chocolate blanco, cuyas únicas similitudes con los originales son los caracteres que componen su nombre.

     El rol es la capacidad en la toma de decisiones y el libre albedrío. ¿Disfrutamos de esa libertad en Guild Wars?

     En Guild Wars, interpretamos a través nuestras intervenciones, la rapidez de una daga o la protección del escudo ante el envite de un centauro Modniir, restituir las vides al granjero, resucitar un aliado o apagar los fuegos de una villa con cubos de agua sin límite ni fondo, son el mayor acercamiento a interpretar un papel.

     ¿Es suficiente?

    Actuamos como el blasón que asola los problemas pero tras limpiar la sangre de nuestro filo fractal, volvemos la vista atrás para ver las cenizas de los pajares que no hemos podido salvaguardar junto a los frutos desaprovechados y perdidos. No podemos compadecernos o sentir más de lo que está previamente escrito. ¿Qué clase de héroes somos? Puede que uno que no llegue tan siquiera al título de buen ciudadano. Poseemos un /cry y un /reverence pero, salvo con las empáticas vacas de la Meseta de Diessa, no tenemos la ocasión de transmitirles la pena al aldeano que acaba de ver su cosecha ser arrasada por las pezuñas invasoras o demostrar el aprecio al majestuoso arte constructor de los golemantes de Métrica.

     Un dado esférico, sin caras, que por mucho que lo lancemos, rodará sin jamás sorprendernos.

     La maza del fervor o los dedos que a traición roban siempre al enemigo para beneficio del indolente npc que ve como las cosechas de todo un pueblo se tornan cenizas, mientras él, felizmente continúa vendiendo sus manzanas. Somos los buenos de la película pero no por eso debemos ser el áureo paladín sobre un caballo alado, existen incontables niveles entre la bondad absoluta y la decadente oscuridad del perverso. Dougal Keane, saqueaba tumbas antes de que hiciera un bien mínimo por Kryta y Ascalon; Puedes ofrecer hasta la última gota de tu sangre por defender Rata Novus dejando claro que de un asura no quieres ni su gratitud. Elegimos entre personalidades basadas en encanto, dignidad o ferocidad cuando nacemos pero pagaría stacks de ectoplasma por quien me diera el ejemplo una utilidad lejos de una o dos respuestas aisladas.

     No hace falta ser un experto para darse cuenta que las diferencias entre un juego propiamente de rol y un mmorpg vienen desde bien temprano, desde su base. La jugabilidad de Guild Wars reside en casi su total mayoría en demostrar lo violentos que podemos ser (Por Kormir que no me quejo), batallar e interpretar mediante acero, asta, gatillo y magia elemental. Al contrario que en Kryta, Magumma, Picosescalofriantes y Ascalon, en el rol prima la interpretación por encima de la batalla.

     Seguramente se deba a un mal parecido de nombre, donde rol debería de adquirir una nueva acepción. ¿O quizá no? Ha habido un gran esfuerzo para que nuestra inmersión fuera lo más placentera posible. Desde los pequeños eventos de alimentar gatos a las misiones que solo aparecen durante el día o la noche. Seguramente los mejores mercaderes de karma no verían la luz si nuestros actos no llevasen a cumplir por completo una cadena de eventos. Hay pinceladas a centenares.

     Pero ante muros infranqueable, trebuchet desde Anzalias. Por la gran red de redes circulan cientos de inteligencias artificiales que, con no poco trabajo, podrían ser una buena ayuda para quien busque una inmersión bajo el peligro de no desear sacar la cabeza de sus aguas. Una inteligencia artificial (o una prima lejana suya) como Cleverbot o mí querida Cortana como trasfondo de los habitantes inanimados de Tyria. Con una base de datos bien argumentada para que las respuestas no se escapen de su caudal, es todo lo necesitan los grupos de granjeros o soldados para responder de manera ligeramente coherente. Imaginad el potencial de una inteligencia capaz de controlar sus acciones, por limitada que sea.

     Sería fascinante descubrir que tras seiscientos amaneceres similares donde los madrugadores centauros se dirigen a arrasar la cosecha, el cuidador de vides comience a levantar una empalizada que tengamos que ayudar a construir si no a defender o que haya aunado el valor para defender su cosecha valiéndose de sus enseres de campo.  ¿Qué tal esto? Tras llevar años vendiéndole los mismos sellos verdes roñosos al mercader, te responde con un ¿No tienes nada mejor que ofrecerme? "Algo de utilidad estaría bien”.

     Reconozco que no son más que deseos (un artículo más), sencillos en mi cabeza, nada fáciles ni baratos en la práctica, como que Tybalt vuelva al lugar que se ganó o poder ver un majestuoso patito. O quizá solo sea cuestión de suerte. Creo que es hora de tirar un dado pues de sus veinte caras, algún día sacaré crítico

 

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