Punto de Partida

La derrota puede ser utilizada como moraleja y advertencia: somos frágiles, imperfectos, conducidos a una irrevocable muerte.

Si eres asiduo a ese ingenio de chatarrero, aparato de luces de LEDs, en otrora rayos catódicos  y que por meses olvido que sirve para algo más que para soportar chromecast, la encontrarás. Se esconde sin ser difícil de encontrar en diversidad de formas. Documental temático, encuentro precocinado tras lo que debería ser un noticiario imparcial o la entrevista enaltecida  tras un acuerdo de promoción, de dos hormigas y un bajito peligroso, a veces, algo gañan.

Es habitual verlo tras sus discursos. Estrellas deportivas que se pavonean como héroes imperecederos de La niebla, en la figura o el director de la película del verano o quizá podría ser que naciera de las palabras  verdaderas de un diseñador o empresario que pronto vendrá al olvido. En tu día a día, en las calles que recorres, en tu edificio.     

Posiblemente en todos ellos la veas, te la muestren con frialdad y te aleccionen. Es la derrota.

El fracaso, el fallo, el error y la mala suerte saldrán a la luz. Como norma general, todo humano (de los de carne y hueso)  de bien, sigue una regla o norma no escrita: lo que tengo, me ha costado sufrimiento, sangre escrita y mucho sacrificio. Soy un templo edificado en los pilares de la derrota, en caer y levantarme. Conseguir mis logros a través del sufrimiento.

Importa poco que sea el nimio esfuerzo de un ettin para aplastar a un mini raptor o un verdadero luchador que erigiera de la nada un modesto imperio, más de ideales que de oro relucientes.  Prodigaremos lo mucho que nos costó sin necesidad que fuera cierto.

No los culpo, contrario a lo que pudiera parecer esta entrada. El error siempre sería del oído que no escucha, la cabeza que lo admite y la lengua que lo repite. Toda nuestra. En cambio, casi diría que me enfurece el maltrato que supone el fallo, el error o la derrota por quienes hacen gala de la misma. Una herramienta argumental convertida en un recurso fácil.

La caída de Kryta, la muerte de Tybalt o la maldición de Ascalon. Puntos de partida desde donde un héroe sin duda decidirá alzarse. Es épico y funciona a las mil maravillas. Ni el más tonto de los grawl lo discutiría.

Pero la derrota conlleva matices, más allá de ser una herramienta y una motivación para poner en marcha una historia. Es mucho más y por ende tiene que significarlo. La muerte y el olvido son los únicos caminos de no retorno. Puede ser el fin de la historia que vivamos, incluso un aliado a destiempo o el camino que nos abre las puertas del entendimiento.

La derrota puede ser utilizada como moraleja y advertencia: somos frágiles, imperfectos, conducidos a una irrevocable muerte.

El videojuego es un medio para divulgar cultura, no es nada nuevo ni creo que abrá la mente a nadie con esa idea. Pero es un medio conformista con los esquemas establecidos, con poco riesgo. Un riesgo que pasa de poco a nulo cuando intentas conectar a griton de personas online para que convivan en el mismo mundo. Porque nadie desea  contemplar sus esfuerzos como frívolos bagajes, verse derrotado por los dragones ancianos. Pero valoro las pérdidas y Guild Wars se preocupa de que no caigan del todo en vano.  Las de la familia Stegalkin y los Piedramazo; la incertidumbre tras Zojja, la caída de Arco de león. No soy el único, ¿verdad?

La derrota, situada como algo más que un punto de partida (aunque no deje de cumplir como tal) nos recuerda el miedo que da el mundo, de mursaat y destructores, o de asfalto y acero. Todo puede  (y debe) ir mal cuando la perspicaz sylvari y el ingenio charr perecen. La isla al sur de Arco de León que un día se advertía como infranqueable, ahora es sepultada bajo carne resurgida.  

Marcho bajo el estandarte de que una buena historia me hace perdonarlo todo. O casi todo. Hablo de Guild Wars, porque es lo que toca pero fácilmente lo podrás extrapolar a la serie, novela o suceso de tu vida preferido. O no tan preferido. Es importante saber lo que podemos perder, sobre todo ante un mundo tan vivo y bello como es Tyria. Intento inculcarlo en Mdieus, otra cosa es que lo consiga.

Saliendo de nuestro mundo, en Shadow of the Colossus me da le ejemplo perfecto para ilustrar el tema. La pérdida como final pese a que consigamos nuestro objetivo. Me parece un desenlace envuelto en una de las mayores derrotas que se pudiera sufrir. Porque es injusto pese a que te otorga todo por lo que luchaste, todo salvo un único detalle…

Si has vivido en el mismo mundo que el resto, a estas alturas conocerás el no como respuesta. Que las personas se van, los amigos y el amor desaparecen y los números menguan. En incontable sentidos. No obstante, como en el aikido, podemos usar la fuerza de nuestro agresor contra él mismo y por ende, a nuestro favor. Un soplo amigo que nos enseñe y pronostica con su dulce aroma a omnom y el de las amargas despedidas. Sea el mundo,  de bits o carne.

Tyria es el oasis y el paraíso donde muchos olvidan aquello que jamás desearon conocer, donde se ahogan las voces y los gritos del día a día. Pero pudiera ser que un día, el pacto caerá. Los Dragones Ancianos alzaran y consumirá cada instante de nuestro futuro y la magia que nutre nuestro mundo. Quizá el todo se extinga, se apague o simplemente deje de existir. Puede que unos pocos resistan y queden con vida en las tierras yermas. Pero si la derrota nos ha enseñado bien y el fallo espoleado, será cuando nos merezcamos verlo como un nuevo punto de partida.

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