De grises legendarios

Legendario se ha prostituido degradado en ser, solamente un rango más. Sin ápice de su valor, de su historia o su pasado, tan solo un objeto mediante el cual pavonearse y denotar un falso poder.

A fin de cuentas, existen pocos espacios para los tintes grises. No es metafórico, es literal.

Tyria destaca por su aspecto estético, por ser belleza aunando originalidad de diseñador y libertad en el jugador. La variedad de tejidos, de tonos y diseños con los que podemos cubrirnos, editarnos y darnos forma, no hacen más que multiplicar las opciones de este complejo diseño imaginativo. Voy a repetir lo que tantas veces dije y diré. La personalización de nuestra versión de nosotros mismos en Tyria es un acierto fundamental que sin duda agradecemos.

Desde aquel vitoreado 25 de Agosto de 2012, las posibilidades no han hecho más que aumentar. Pero el acto de creación no influye únicamente en los ojos de su creador. Nos percibimos a la vez que también nos advierte el resto de la comunidad.

Si pudiéramos gozar de la aeronave de Tixx para surcar los puntos cardinales, desde Ascalon a Magumma, Picos escalofriantes hasta Orr, daríamos cuenta de cómo lo legendario ha terminado siendo mundano.

Abundan, miles de ellas cuando su cantidad debería ser de una cifra: brillantes armas legendarias forjadas con pedazos de firmamento, alas de fractales de tiempo y de dorada gloria. ¿Cuál es el sentido de llamar legendario a un una pieza que hasta el menos entregado puede lucir?

Armas legendarias espaldar legendario, espada y foco de misma fractura legendaria. Sándwich mixto legendario con aceitunas legendarias y, ¿por qué no? ¡Salsa brava legendaria!

Legendario se ha prostituido degradado en ser, solamente un rango más. Sin ápice de su valor, de su historia o su pasado, tan solo un objeto mediante el cual pavonearse y denotar un falso poder. Son las pelucas aristócratas de la Francia de Tyria, los pasteles de Maria Antonieta.

Y de pelucas y pasteles, rebosó la guillotina.

Otras franquicias como la saga Diablo, Dungeons & Dragons o Warhammer han situado su estética propia en un curso constante de luces y sombras. Blancos radiantes de bien e infernales colores para sus malvados demonios. Muchos títulos trabajan (y lo hacen muy bien) con una dualidad de diseños que nos bosqueja inconfundiblemente donde termina el mal y comienza el bien.

Guild Wars nunca regateó con ese terreno. El blanco grisáceo de nuestro aliado rápidamente se convirtió en la el color más traicionero del liche. Pero el tiempo, las comparaciones y sobretodo, nosotros, somos influenciables. Dad un paseo y vez con vuestro ojos de bits las alas brillantes y en blanco esculpido; plumas de cuervo, llama en mano rutilantes de oscuridad.

Diseños bien conseguidos y trabajados, desde la fácil comodidad de combinar negro con negro a los sutiles matices del oro. Ángeles y demonios como los que encuentras recién escribir sus nombres en Google imágenes. Bonitos, pero poco creativos, menos aún en términos de rol y lore.

Quizá verás en una vez más una opinión algo desmedida y poco relajada, ¿qué más importará si todos decidimos vestir de gala como dioses? ¡Nuestras gemas y horas de farmeo nos han costado! ¡Al cuerno, mi guerrero ArChas será un paladín caído de melena nívea roñosa y con una espada de hielo!

Y tienes más verdad que Kormir. Tu personaje es tuyo y te lo fo… editas cuando quieres. Pero ni por todas las mini mascotas de patos y builds de guardián healer viables podré estar conforme. Echadle la culpa al calor del verano. Poneos en mi lugar, en el de escritorzuelo de cuarta y media que no le llega a la suela de los zapatos al más patizambo asura, quien combate inexperiencia con puntillismo casi conspiratorio. Vislumbrad vuestro propio mundo de fantasía (porque quedaría muy arrogante decid que entraseis en el mío de Mdieus), esmeraos en crear los pedestres, arduos y necesario quehaceres cotidianos, el mito tras un desvanecimiento o la leyenda bajo los riscos de aquel sendero.

Pero, de repente, el sumiso campesino de manos endurecidas luce alas de ónice y alabastro capaces de hacer sombra al sol; la lechera viuda que se esmera en transportar sus cántaros marca sus pasos con gotas del firmamento mientras de sus muñecas se aviva un surco de llamas; el humilde guardia de la ciudad recién ascendido porta el arma de llama y alborada que milenios atrás salvó el mundo, el yelmo esculpido en el legendario dragón llamado Mel-Oaca-Bodeínventar. Puede que en el olimpo o en un remanso de bases parecidas, entonaría. Pero no estoy tan de acuerdo en lo que debe ser un mundo de grises.

Los grises, son la clave de todo. Las botas cuarteadas, manchadas y deslucidas de cieno y barro; el vestido remangado y los pies descalzos enaltecidos por el inextinguible azul de los ojos de la lechera; la armadura heredada, otrora resplandeciente opacada del trajín y de mil y una muescas que ahora enmarca un rostro afable no corroído por la sangre y vileza. La belleza está en los grises, brillantes deslucidos, mortajas irremplazables. La belleza de ser parte del mundo, cualquiera del que trates. De encajar como una pieza, sin necesidad de resaltar y sobresalir. ¿La belleza de ser un mediocre sin despuntar? No, la belleza de pertenecer a Tyria, pues será nuestra espada, de cobre u oricalco, la que marca nuestro sello en la historia.

De grises legendarios

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