Tan falso como Joko

En la sabiduría de los tomos del pasado, siempre hay una razón y una advertencia.

A día de hoy, me siento plenamente feliz con este juego. Allí donde miro, veo apetecible manjar: excelsos meta eventos en la jungla de Magumma capaces de absorberme durante largas horas, intensos fractales de pura diversión y cazas de recompensas verdaderamente desafiantes cuando no son más de cinco los que poseen su orden de búsqueda. Incluso los minutos de los eventos del casino de la Ciudad Libre de Amnoon me saben cortos. No pensaba llegar al desierto para terminar con una zurra a la piñata Choya y que esta sacara en mí la sonrisa más jubilosa e infantil, esa que, como otrora niño retotoñao oscense, es normal ver la primera noche de la feria y los cacharricos.

No obstante, el tiempo sigue sin ser el mayor de mis bienes. Para poder disfrutar de estos pequeños lujos, otros como WvW, por los que solía caminar de manera asidua, han quedado relevados en mi agenda estas últimas semanas por mérito de las partidas de PvP. Nunca hubiera dicho que este, mi menos apreciado modo de juego, junto a mi guerrero (no menos vilipendiado años atrás por mi parecer) rompehechizos serían sinónimos de diversión y entretenimiento.

Todas juntas son las varillas de un abanico de posibilidades que se traducen en la libertad de obrar del modo que deseas en signo de inmersión épica. Pero esta tan ansiada sensación carecería de sentido si olvidáramos el camino recorrido hasta ella, una senda trabada de noes antes de llegar al destino.

Guild Wars 2 estuvo lleno de esas contras. A rasero de Alquimia Eterna, siguen existiendo, evidentes e ilógicas. Viene a mi mente esas primeras entrevistas cuando aún teníamos la barra de maná sobre nuestras habilidades. Recuerdo el rotundo no a las monturas. Que bello puede llegar a ser equivocarse. El raptor de carisma bonachón y leal propio de un golden retriever saltó ese muro desde su primer giro de cola.

Pero antes, mucho antes de que Primordus volviera a bostezar, las propias señas de identidad del Guild Wars original eran parte de esos noes. Fuera por identidad o por recursos limitados, carecíamos de la simple habilidad del salto. Impensablemente en la Tyria actual o, ¿podrías imaginar la experiencia de la que gozamos sin el salto, la esquiva, y la importancia de las habilidades de movimiento? ¡Por Kormir que yo no puedo!

Previamente a todo eso, antes de que Ascalon libre de charrs apareciera en su propio horizonte, los más veteranos se enfrentaban con los pedregales, bojas y charcos de barro donde más tarde se extenderían enormes pistas. Hace poco visité el desván de la casa de mis padres. Cajas enteras de Hobby Consolas, que un día cosechó mi hermano y que más tarde yo continuaría coleccionando. Hablaban de los videojuegos en lenguaje y terminología que hoy en día nos parecería ajena. Recuerdo que era impensable pensar en un nuestro tejedor que usara una espada como poco más que antena para atraer los rayos, o donde las razas definían bandos sin una sola excepción bien. Bien y mal eran tratados sin mediar en grises, como fronteras incuestionables.

No es que vaya a decir que cualquier tiempo pasado fue peor, ni que solo ahora saben cómo y qué hacer. Supongo que soy miedica por naturaleza. Entre los alérgenos que me amargan un libro, la creatividad preconcebida a la fantasía y ciencia ficción es de los peores. Usar las propias posibilidades de un género como barrera para vaguear y no inventar, no desarrollar ni investigar. Un sello de censura para la jugabilidad el contenido, la inmersión y la creación.

Supongo que esto de ser Firebrand (no me hace mucho tilín el nombre castellano) me pilla aún de nuevas. En la sabiduría de los tomos del pasado, siempre hay una razón y una advertencia. Un día la N-gage de Nokia parecía la panacea que en pocos meses se hundiría. Pasó con la PSP-Go, incluso con títulos que se esperaron, se esperaron y defraudaron como Daikatana. No hay que olvidar ni en tiempos de grandeza que conformarse no está permitido pues un día el robusto árbol perderá sus brotes verdes y nunca más dará fruto. Es algo que en dominio de vabbi conocen de primera mano:

“Rey Joko, la razón por la que el sol se eleva cada día; el padre eterno Joko; Joko el inevitable; Joko el benevolente, El rey dios de Elona; el azote de Vabbi. Aquel que derrotó a Abaddon, quien puso fin el mal de Zaithan y alejó a los charrs de Elona…”

Los memes del rey dios de Elona no me podía venir más a la mano. La nobleza humana de Vabbi se ha acostumbrado a vivir bajo el estandarte de Palaw Joko pese a que fuera él quien destrozara su paraíso y segara su campo de muerte y despertados. Su falsa verdad resuena en Kodash, una megafonía que repite el mensaje similar al de las estaciones de Hyperion, los consejos nada recomendables de GLADOS y las cajas de sonido alrededor de Rapture. Fueron, son y serán cantos de El Juglar, una voz pasiva y repetitiva que siempre estará: te dirá lo que hace y  aquello que no está permitido. Cortará tus alas antes siquiera de darte impulso. Y en ese momento, esta, mi alegría será desdicha y la épica, tormento… pero no a día de hoy Palawa.

Pero tampoco habría que olvidar que es tiempo de júbilo, solamente mantener un ojo en el pasado. Es tiempo de bromas, recién llegada la corte del Rey Loco, época de disfrute y seguramente de trasnoches en el laberinto. Lo mejor de la historia es que cada día se escribe un nuevo capítulo. Escribámosla en cantares de gesta y epopeyas, el tiempo del drama tendrá que esperar.

Choya

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