Un nuevo mal nos acecha…

Cuando tuvo lugar el accidente en el pantano de la Hematites, se produjeron graves consecuencias de las que ya habéis oído hablar. Algunos, incluso las habréis afrontado directamente, como Comandantes del Pacto.

Pero hubo algo más, un hecho terrible que pasó desapercibido para la mayor parte de los habitantes de Tyria, pese al peligro que implicaba; algo de lo que debo hablaros ahora, antes de que sea demasiado tarde.

Escuchadme bien y actuad rápido, porque no tenemos mucho tiempo.

Tenéis que saber que, aprovechando la abertura de aquel cráter, escapó un mal tan antiguo como las rocas y el viento. Se arrastró poco a poco desde las profundidades del mundo en las que había sido engendrado, dispuesto a devorarlo todo y dejar a su paso huesos y cenizas.

Aquel mal se agitó, hambriento y ansioso de libertad, y empezó a moverse, a extenderse sigilosamente por todas partes. Dicen que solo era realmente visible cuando pasaba sobre los charcos de lluvia, porque agitaba el reflejo de la realidad en su superficie, lo distorsionaba y mostraba… No sé, otra cosa. Algo tan espantoso que ninguna de las razas ha creado nunca una palabra para definirlo.

Por lo demás, el mal adoptaba la forma de sombra y de pesadilla, de niebla y desazón.

De enfermedad.

Algunos, muy pocos, los augures más sensibles, lo percibieron en cuanto inició su avance. Gentes de todas las razas, dispersas por el mundo, sin conocerse entre ellas, despertaron en la misma noche, exactamente a la misma hora, con la misma sensación.

Peligro. Peligro. Peligro…

Allí donde llegaba el mal, la luz del sol perdía brillo. Los colores se apagaban poco a poco, desaparecía toda alegría y toda ilusión. Era padre de angustias, engendrador de miedos. A su paso, ya no había más risas, ni planes, solo tristeza, dolor y una muerte demasiado pronto, siempre demasiado pronto. Las pérdidas se acumulaban, pesaban en el corazón de los que seguían con vida y alimentaban aquel mal tan antiguo como desconocido.

Humanos, norn, charr, asuras, sylvaris… Ninguna raza era inmune a su destrucción.

Y ahora yo, Kronda La Rutilante, os escribo porque he tenido otra visión, tras una noche en la que he tomado las hierbas que abren la mente y muestran los caminos del futuro. En mis delirios, he visto a mis seres queridos aquejados de esa enfermedad, y yo quería salvarlos, pero me sentía impotente.

Solo me estaba permitido plantear una pregunta, de modo que así lo hice.

¿Cómo luchar contra un mal de naturaleza desconocida?

La respuesta resultó ser más sencilla de lo que había supuesto.

Juntos

Vi el color rosa, rosa vital, rosa vivo, que debían llevar nuestros estandartes. Vi los lugares donde debían tener lugar las duras batallas por la esperanza. Vi las acciones, los muchos sacrificios y rituales que debían llevarse a cabo, en Tyria y más allá de la niebla, para poder derrotar ese mal.

Pero, recordad que mis visiones me dejaron algo muy claro: y es que, aunque la magia y la determinación son importantes, también lo es el hecho de que se luche juntos.

Juntos

¡Escuchadme bien, charrs, humanos, norns, sylvaris, asuras, yo os convoco! Tened muy presente que todos y cada uno de vosotros, hasta el último, sois necesarios. Juntos, hombres y mujeres, niños, ancianos. Seres buenos y malos, seres alegres y tristes.

Esta es una guerra que debemos ganar.

Juntos

Kronda La Rutilante

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