Gracias Balthy

Luchamos por la tranquilidad, la seguridad, la paz. ¿Es realmente lo que nuestro apetito nos pide?

Amanecerá una mañana con el eco estruendoso de las aeronaves retornando. De ellas, bajaran cantos de jolgorio. Soldados, enteros y mutilados, curtidos y noveles de tan variopinta procedencia como lealtad. No bajarán camillas, ni vendas desechadas tintadas en sangre. Solo pompa, platillo y tiempo de celebración. Dragones Ancianos vencidos, las Líneas Ley a salvo, ningún maniaco que perturbe nuestro sueño. Tiempo de armonía, de celebrar para Tyria y recordar lo mucho que hemos luchado y a tantos otros que perdimos por el camino.

La guerra ha terminado.

Luchamos por la tranquilidad, la seguridad, la paz. Imagina que mañana la conseguimos, nos ensalzamos en la victoria como un adagio que nos valentona el alma guerrera. Paz, ¿es realmente lo que nuestro apetito nos pide?

Desde que Tyria era solo un pedazo de Ascalon, la conocemos envuelta en hierro y sangre desde el primero de nuestros recuerdos. No sabíamos nada de Dragones Ancianos, fueron los guerras de clanes, las invasiones de la Legión de la Llama margonitas, Luxon y Kurzick en batalla eterna, el Manto Blanco. Es cierto que épocas como el Día Invernal y el año nuevo lunar, son festividades pacíficas y cordiales a partes iguales. Allí la batalla queda en el segundo plano, la fría crueldad es la de una bola de nieve contra tu rostro o el calor de la batalla lo producen los inofensivos fuegos artificiales. Pero hasta la fecha, son treguas, oasis donde enfriar el acero candente y restablecer la fuente de nuestra magia. Alguna que otra vez optamos por la palabra y la diplomacia pero no nos engañemos, buscamos la paz como el tabasco, en pequeñas proporciones anhelando dar vacado al manjar que nos es la guerra.

Pero ni la más lustrosa victoria mantendrá alejado los conflictos por mucho tiempo. Tyria peca de real cuando la avaricia toca a nuestra puerta. No me refiero al precio de las gemas del señor Evon, sino a que cuando veamos los problemas solventados, otros nuevos amanecerán. La paz, no será más que un caldo de cultivo desde donde los nuevos brotes bélicos renacerán: la única soga que mantiene la paz entre humanos y charrs, es la de un enemigo común. Cuando nada nos amenace bastarán palabras, una leve ofensa entre razas que en tiempos de guerra suena como la muestra de cariño desacertada de un amigo para encender la llama. Los buenos tiempos los crean existencias fuertes, pero aduermen a su progenie convirtiéndolos en frágiles y manipulables. Un día, un granjero asura levantará una tapia para alejar las miradas inocentes, curiosas pero incómodas de sus vecinos sylvari, y al día siguiente, el Consejo arcano será seducido y presidio por un prestigioso adinerado de peluquín oxigenado y tez anaranja perteneciente a la Inquisa, permitiendo experimentar con las testas perennes y peludas del resto de razas con la única premisa de que, al fin y al cabo, la inteligencia los avala.

Y ahí , nosotros somos parte fundamental. ¿En qué nos favorecería como pasajeros ciudadanos de Tyria que la aburrida paz se alzase? recolectar calabazas, picar mithril, son caminos dignos, es posible llegar hasta el máximo nivel y forjar una pequeña fortuna sin necesidad de desenfundar nuestras armas. Pero apuesto a que la mayoría de nosotros desembarcó en estas costas con el cuchillo ya entre los dientes como corsarios de Lady Glaive. Si en Tyria se armasen media docena de guerras civiles y conflictos armados donde tuvieras que elegir bando entre tus antiguos aliados, ¿cómo frenar el impulso que por tan buen camino nos ha llevado? ¿Te quedarías al margen?

No, y que un moa me picotee la cara si me equivoco. En lo más profundo, y quizá sin necesidad de hurgar demasiado queremos sangre, o lo que sea que corra por las venas de un súbdito Mordrem o un forjado de Balthazar. Nos complace apuñalar, disparar, tajar, sesgar, calcinar, electrocutar… menudos héroes somos. Y cuando no tengamos enemigos, buscaremos un nuevo conflicto. Somos la mano ejecutora, el jugador y el héroe, pero como otras veces me habrás escuchado decir, también hay un poco de interesado villano o iracundo berserker en nosotros.

Pero tranquilo, es tan intrínseco de genes como el sigilo en un ladrón. Demos gracias a Balthazar. Sí, ese mismo que poco tarda en calentarse, en zurrar a quien difiere de su idea, el que ahora mismo está… bueno, bien lo sabrás. No me he vuelto loco, échale un vistazo a estas palabras de Salvador Duch sobre el fútbol:

En el fondo, somos los mismos que disfrutaban en el circo romano con los gladiadores y los leones, pero ahora el nivel de tolerancia de la violencia es menor. Los estadios son islas de permisividad en los que la gente busca emociones como el peligro o la venganza y donde pueden insultar al árbitro, ser racistas y homófobos como nunca lo serían en la calle"

Demos gracias a Balthazar, él nos ha dado la solución para que toda esa ira, esa conducta racional de matar al vecino que no para de gritar a sus cuatro niños por el hueco de la escalera (si piensas que no es tan racional, es que no disfrutas de “esos” vecinos) se reconvierta en inofensivo espectáculo. Inventó nuestro fútbol, nuestra NBA y Roland Garros. Los campos de batalla de la Niebla son el circo romano, donde acuchillar sin consecuencia al que fuera aliado minutos antes mientras te adentrabas en el peligro de los fractales o directo a por el sucesor de Fuegobael.

Bueno, este tipo –optaré por tratar a Balthy con las confianzas que me gustaría mostrar ante el Hades de Disney- ya fuera por regocijo propio, creó la salida para canalizar toda nuestra inquina. Así que tengáis razón carnal o virtual, motivo o contienda abierta en el horizonte, no escondáis lo que antes o después terminaría por explotar en otro modo y disfrutad ese don divino que va desde el Bosque de Niflhel hasta Anzalias. Quién sabe el tiempo que podamos disfrutar de los Campos de Batalla Eternos, después de ver de cerca el rostro de Dhuum, puede que Menzies termine reclamando la herencia de su hermano y negándonos la entrada a los terrenos de la niebla. Pensándolo mejor, creo que guardaré mi cariñosa ira vecinal por si decide aparecer.

dela

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