Despedida protagonista

Un nombre, un buen nombre, puede arruinar todo un universo y no me refiero a Jar Jar Binks.

A día tachado, veo como muchas de mis aficiones se van convirtiendo en un telón de fondo, un ruido armónico y agradable que suena solo cuando no puedes elegir sintonía. Fútbol, baloncesto, tenis y balonmano eran unos de ellos.

Como muchos jovenzuelos confusos, los años de colegio, instituto y carrera los aderezaba con deportes en vena, si bien no tan practicados como me hubiera gustado por un cruce fortuito de un cuchillo jamonero con ciertos dedos de cierta mano, la era de oro de Gol TV y las madrugadas de NBA de Canal + y las tardes de la dos en la Copa Davis, eran cita obligatoria como las raids de clan (si tuviera alguno).

Con el paso del tiempo, el interés se pierde, dispones de menos tiempo o encuentras otra veta de ocio que les roba espacio. Fractales o WvW, la Champions League o WvW, erótico WvW

Creo que, con los videojuegos, ocurre parte y media de lo mismo. No recuerdo la última vez que jugué a un Pro Evolution Soccer, un Need for Speed o un Tekken. Son géneros que poco a poco, me importan tanto como el final de Fatmagül, First Dates, o la boda real del príncipe Harry, (o “la telenovela turca que llora en la tele de mi vecina”, “lo de comer de gratis con gente rara” y “el que se vistió de nazi sa casao” hasta que busqué en Google).

Además, no sé si en ti, pero fuertemente en mí, vive un enano feo como un asura, cascarrabias como un asura, y terco como un asura (pero no es un asura, o me liaría a palos conmigo mismo) que es incapaz de concebir una materia sin un nombre asociado.

Por su culpa, Warcraft es un mundo de herejía desde que en su discípulo WoW puedes “aleccionar” al Principe Arthas y Devil May Cry no es más que DMC si su Dante es un morenito vacilón que da pena un montón.

Del mismo modo, ese jodido estúpido, pero no asura, es incapaz de tomarse con seriedad los inventos Bookah llamados ‘crossover’ donde Chun-li y Thanos combaten mano a mano, porque, bueno, hay que hacer dinero. ¿No me hizo suficiente daño Van Damme al encarnar a Guile en la película de ‘Street Fighter: La última batalla’?

A estas alturas, veo que deporte y videojuegos comparten un puntito en común, la vida (útil) corta de sus protagonistas.

Carles Puyol, Xavi Hernández, ahora Andrés Iniesta y Gianluigi Buffon, con ellos se van las últimas ovaciones de quien fue hincha y ahora quedará relevado a deporte de verano, olimpiadas y mundiales.

Ellos me acompañaron durante los mejores años de un deporte del que poco apoco la prensa amarilla que lo rodea me ha ido repeliendo. Al igual que ellos algunos nos acompañaron durante años para tomar, con justicia y merecimiento, su merecido descanso. Estos, en forma de bits u hojas de libro. Oh, mi estimado Ezio Auditore.

Otros, nos abandonan antes de lo que debieran: Snaff, Sturm Brightblade y la ética empresarial de Electronics Arts.

Un nombre, un buen nombre, puede arruinar todo un universo y no me refiero a Jar Jar Binks. Su ida, se lleva con el parte de un título, de una saga y una idea. Duele aún más cuando no es, ni de cerca, su protagonista. Imagínate un Borderlands sin Claptraps, un Humor amarillo sin el chino Cudeiro, o Eurovisión sin Jose María Iñigo. Son actores secundarios, pero pérdidas primarias: la última mirada de Trahearne y el asentir de la anciana Eir conocedora de su futuro inmediato.

Es tan desalentador como lógico y necesario. El tiempo pasa y como decía mi profesor de instituto, ‘hasta las estrellas se apagan’. Iniesta y Buffon, nos enseñaron que puede haber fútbol, alejados del tonticidio de discutir y envalentonarse por los colores de una camiseta, que la humildad no está reñida con la calidad y que se puede ovacionar a un rival pese a que nos meta la cara en algo que comienza por m. Todos se van, pero dejan una parte en quienes seguirán sus pasos, que, con algo de suerte, crecerán hasta merecerse ocupar sus botas.

dela

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