Viejoven

"Arriba es abajo, si lo miras con suficiente perspectiva"

¿Existirá en los anales del tiempo y laos fractales de la niebla algo tan fruitivo como el olor del material nuevo? Véase camisa, tapicería o el interior de un concesionario de motos. Oh, u aspecto de arma del León Negro. En este mundo, que de todo tiene que existir, por haber ‘haylos’ que aborrecen el sabor del chocolate, que reniegan de las vacaciones pues temen la depresión del volver a la rutina. Te puede gustar el aroma de la gasolina y de la melaza, o con la misma buena razón, detestar el de la hierba recién cortada y los matices atraídos por el espumaje de la marea.

-Mmmm a mí el olorcete a nuevo no… pch… no me convence. ¿No lo tiene con aroma a espalda sudada y sobaco reserva de siete semanas sin darse un agua?

Ofrecería mi brazo a Menzies a que ninguno de vosotros jamás lo ha escuchado. A todo el mundo le gustan las cosas nuevas, son los cachorritos de las cosas.

Es fácil saber si un pantalón, un coche o una fregona es nueva, porque es sencillo, ¿verdad? En ocasiones cuesta un poco. Entra a Zara, verás estantes de gregüescos llenos de agujeros, rodillas completamente libres del tejido que le da nombre y chaquetas con las mangas segadas y remendadas. Aun así, lo entendemos, es moda, imitar el ser un alma cándida sin dinero para llevar una prenda sin roturas es una tendencia: camisas arrugadas, cascos de moto bollados de fábrica… empero soy yo el inverosímil por dejarme bigote. Que Kormir nos ampare.

Es cuestión de perspectiva, un brick de leche pasteurizada fue una revolución alimenticia en su día, pero en nuestra década, si no es desnatada, sin lactosa, y libre de entes que suenan a hematites y especialización de élite que haga un mínimo de 39.000 de daño por segundo, es vista como el peor y más correoso de los venenos. Arriba es abajo, si lo miras con suficiente perspectiva.

Todo lo que esté teñido más de la intangibilidad, como un servicio, es más difícil encerrar entre adjetivos. El limpiabotas, es una profesión que nos transporta al pasado, a una época reinada por ferrocarriles, carbón, vapor… y que vuelven a existir enfrente de la catedral de Granada. Siendo así, ¿qué hay de nuestro Guild Wars 2? Yo sería incapaz de medir con total certeza lo que es en él moderno o pasado de moda: El Valle de la Reina ayer fue zona de aprendizaje para el nuevo jugador, por lo que al pasar la niñez y madurar hasta ser jugadores dignos de merendar dragones con chococrispitis, esa zona debería ser un ayer, un recuerdo viejo y con el paso de los días más lejanos. Y en su defecto, no pasan dos jornadas sin que visite sus cultivos o el pantano, por cobre, llaves del León Negro, una medalla atada a un logro o un simpático Behemot de las Sobras. Tyria es una lista de contenido antiguo al que se le da un segundo, tercer y chorrocientosavo uso, sintiéndolo fresco cada vez que lo pisas. Han pasado unos añitos, pero no me arriesgo a señalar una parte como muerta, o vieja. Es cierto que hay ideas que, por malas decisiones o peor envejecimiento, han ido quedando relegadas como las mazmorras, un día el corazón palpitante del juego, hoy vejadas por raids y fractales y que sin embargo conservan un tránsito de aventureros más que razonable en su ‘lfg’.

Nuevo, solo hay nuevo la historia viviente, los diseños que nos venden cada poco tiempo, y viejo, no sabría decir. Guild Wars 2, es como la chaqueta de tu padre que vuelve a estar de moda sin que para él nunca hubiera dejado de estarlo, es una barba que de temporada o no, siempre se lleva. Guild Wars 2 es viejo para un mundo tan rápido y cambiante como el de los videojuegos con una decena de sucesores dispuestos a quitar su porción de la tarta, pero también es nuevo, en mecánicas, en ideas y espíritu que a día de hoy siguen delimitando su plato. Es… viejoven.

Arriba es abajo, si lo miras con suficiente perspectiva. pero se nos olvida que no por tener la libertad de elegir el ángulo con el que vemos las cosas, tenemos que usarlo. Lo nuevo gusta sí, pero el recuerdo de lo antiguo tiene un sabor más profundo e intenso que nunca se marcha. Recuerdo ese pequeño silencio que hubo en nuestro multiverso de bits, cuando Final Fantasy VII volvió a estar en el tintero. Y aún mejor si lo viejo, huele a nuevo, Zelda Breath of the Wild, ese escarabajito que da vueltas y más vueltas y… se choca con cada pared que ve.

Pensando mejor mi apuesta a Menzies, mejor apuesto un brazo, pero no el mío, el de alguno de vosotros, que yo aún no le he pillado el truco al combo del ingeniero.

dela

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