Doblaje o maquillaje

No es el entretenimiento de calidad que defendemos, no es la respuesta.

Si alguna vez has pasado por quirófano y lo que te espera durante el próximo mes es estar tumbado y no en una postura cómoda, aprenderás el concepto de “tiempo libre totalmente inútil”, horas y horas sin trabajar que tampoco puedes aprovechar por muy vago y sedentario que sea tu pasatiempo.

De ahí, comprenderás lo mucho que se estima el tiempo libre de calidad, donde las horas que tienes puedas emplearlas en lo que te gusta o aprovechándolas estudiando ese tema olvidado bajo una pila de post-it tan multicolor como el Legendario Bifrost. En mi caso, pese a ser una intervención lejana a cualquier peligro, no hay postura que desecha atraerme recuerdos de dolor si me siento al ordenador o permanezco con un libro en alto por más de unos minutos, cualquier cosa que no sea estar boca abajo, quedando relegado a la televisión y la radio.

Televisión, vieja amiga de infancia, de mañanas de Bola de Dragón, medios días de Reena y Gaudi, tardes de Pokémon, cenas de Champions League y Noches de House. Pero desde hace una década, las cuarenta y tantas pulgadas han terminado como monitor de Ps2, Switch o Chromecast. Ahora, ver la televisión, se me hace raro: es un elemento raro, unas vocecillas e impropias de mi piso, más bien de banda y soniquete frondoso tras la barra de los bares; cuna de actores y adheridos a famosos que hacen que me plantee el mundo en el que vivimos.

Es un sentimiento compartido por muchos, los jóvenes y no tan mozalbetes, gran parte de a quienes se nos puede encajar dentro de lo gamer, geek, friki, íboga dentada (o cualquier anglicismo nacido para clasificar y cosificarnos como diferentes leches de supermercado) comparten en una u otra medida este punto de vista. El entretenimiento televisivo es en gran medida una cantidad de basura, de programas genéricos y repetitivos que cambian el giro de engranaje necesario para ser diferentes siguiendo la misma tónica, cementerio de gente sin talento y que, quienes lo poseen, podrán ser vistos por internet.
Lo que hacemos nos gusta, nos realiza y en muchos casos nos hace sentir ese gustirrinín que únicamente nace al devorar un buen libro o acabar una gran saga. Pero también, es pecado común ver el resto de entretenimientos por encima del hombro. Porque, claramente, un libro es de mayor calidad que un programa de tele realidad. O quizá, tengan algo que ver:

¿Es mejor encarnar la piel de un protagonista a través un videojuego o ser espectador de los tronistas de Mujeres Hombres y viceversa? 

Al fin y al cabo, ambos son guiones, con actores (de doblaje o maquillaje) que representan un guion.

¿Nos hacemos un mayor bien al atarnos a las historias de Asimov, Wells, Sanderson o Pratchett o a las de Lecturas y el nuevo agrandamiento de pecho de una ex gran hermana?

Ambos narran en cierto modo villanos forjados en acero y magia o botox y uñas de cerámica adamantina.

¿Nos realiza más seguir una serie de trama estimulante o asistir la nueva pantojada de Supervivientes?

Cuando hasta las bandas sonoras de unas de manso de Alan Silvestri o Two step from hell resuenan desde el primer hasta el último compás de los segundos, con el mismo fin de transmitir lo que solo esas joyas sonoras pueden acuñar.

Si lees esto y piensas “pero es que esa tele es basura, un guion te hace pensar e imaginar mientras el otro, es de borregos que no piensan; los personajes que crean mis historias tienen alma mientras que esos famositos tan solo viven del cuento; las canciones tienen épica por la escena para la que se diseñó, los de la tele las utilizan sin parar hasta que le quitan el sentido” o similar, por Kormir que no te quitaré una pizca de razón quizá es porque le damos demasiada importancia a lo que hacemos en nuestro tiempo libre.

Veo difícil llevar mis palabras hasta un argumento que diga que cada uno haga lo que desee y quiera para ser feliz, que lo importante es disfrutar… y ser feliz y… no. Da igual los futuros que Doctor Extraño o Aurene puedan ver, en ninguno me pondré de parte de todo lo que a mi entender representa a día de hoy la televisión.

Sin embargo, sus errores han de guiarnos por lo que no debemos permitir que ocurra y está ocurriendo.

Bien me valen los ejemplos de las recién acabadas Juego de Tronos y la cuarta temporada de la Mundo viviente de Guild Wars 2 como ejemplo. No hay foro, donde detractores y seguidores de dichas tramas, no discutan llegándose en más casos de los debidos al despellejar, despedazar a los encargados de la adaptación, crean que el factor Joko era evidente o pidan firmas para que se HBO rehaga el final, todo con la maña de un gran maestro peletero. Incluso escuchaba en la radio (lo bueno que tiene estar postrado que uno tiene fuentes por doquier), hay quien ya comercializa con terapias para superar el vacío o la decepción que deja una serie. Míralo con algo de distancia, entorna los ojos y vislumbra la imagen de tu loada serie y de tu odiado programa de corazón…
Política, historia, arte, cocina, apareamiento quaggan, invasiones de patos, extrapólalo a tu contexto. Ese no es el entretenimiento de calidad que defendemos o, dicho de otro modo, la respuesta que le damos, la seriedad e intensidad con la que vivimos y nos realizamos a través de una obra está, casi con todas las cartas, abocada a terminar en lo mismo que a día de hoy detestas.

Nuestros queridos mundos de fantasía y ficción no están a salvo de convertirse en lo que te hizo huir de esas revistas, esos programas y creaciones que, quien más y quien menos, ha sugerido alguna vez que son para tontos. Antes de que supiéramos que era el internete ese, El gran circo de TVE alimentaba las mentes de los más pequeños, Curro Jiménez traía la épica tras el robo la pólvora y el trote de caballo o el humor de Martes y Trece o Cruz y Raya del que Terry Pratchett se sentiría orgulloso.

Porque bueno, es cuestión de gustos. Si el abanico de multiversos que literatura, videojuegos, cine y series nos brinda está destinado a terminar en una batalla campal al son de cada nuevo episodio, con las explosiones de insultos y manifestaciones a cada punto y aparte, que caiga sobre nosotros como el fuego de Balthazar. Lo habremos elegido, únicamente, nosotros. No hay malvados dragones que demanden atención y nos corrompan. A cada letra más me convenzo de que nunca existió mal entretenimiento, sino un mal público, que por algo es quien elige y manda.

dela

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Dela respondió el tema: #1675 23 Feb 2017 08:54
Recuerda que de pelusas, de pelusas hilvanadas, enmarañadas en parcos colores y sin lustre alguno se ceban nuevos cojines.

Mi forma de vivir por primera vez cada capítulo, es bastante similar a la tuya. Lo roleo solo o acompañado, en mi mente añado los fragmentos de diálogo que son más propios de mí, Dela el descendiente de aquel paragón de Elona, que del comandante del Pacto. Tengo por costumbre repetir cada capítulo un par de veces, casi siempre con Auri, ladrona brabucona, algo bebedora pero pura ternura y corazón junto a algún otro de mis aliados de bits: Eisenbear, ingeniero y alquimista peculiar, el guerrero sylvari cuya semilla brotó en arrojo y ardor o Drag, la maestra de elementos cuya única jerarquía de la que entiende es la de las Legiones...

Cada día lo digo y nunca lo hago, pero debería compartir mí ficha de personaje para que conocierais un poco mejor al devoto de Kormir de cuna noble y tez tostada por Elona. Del que tanto hablo y que paciente espera (Cada vez huele más el aire a rol).

Al final, como si de GW1 se tratase, veo a mi alter guardián amparado de uno o varios héroes nacidos bajo mi puño y letra. Sea pistola, escudo o kit, cada uno ofrece una nueva visión, capaces de cuestionarle el protagonismo de la trama (entiendo al comandante, al héroe como uno grupo, donde unas veces es "x" quien habla, y otras "z" la que actúa).

Pero al final, brabucona, noble y seguidor de la osa, terminan en el mismo punto. En este concreto en el que nos encontramos, sus rostros lucen confusión, retazos de engaño, pizcas de desdén en donde siempre cabe la esperanza de no haberse equivocado. Es sin duda, cuando ni siquiera dos de ellos consiguen un acuerdo, cuando yo vuelvo en mí, suelto G13 y ratón para aplaudir (metafóricamente, sino quedaría como un loco).

Cada uno roleamos un papel, un fragmento o una compleja trilogía de razas forjadas en elementos, pieles cerúleas y vestigios del pasado, pero cuando la trama no deja indiferente a ninguno de los actores. ¡Por Kormir que ha sido buena!

Solo nos queda esperar, especular con inquina y brindar con espumeante hidromiel omnom.
Avatar de Gawain Brightblade
Gawain Brightblade respondió el tema: #1666 22 Feb 2017 02:38
La última opinión sobre el capítulo de La Cabeza de la Serpiente y la comparativa sobre ser títeres del caos me ha encantado. Cuando jugué la historia desconecté todos los Chats y la jugué saboreándola junto a un compañero. Los dos íbamos de Caballeros, leales servidores, disciplinados, con una enorme venda en los ojos descargamos nuestra espada sobre lo que quiera que sea que amenaza el Orden en Tyria. Y escuchamos a la Reina, no un derrape, porque eso sería un error, una declaración total de intenciones, haciendo gala del canto de sirenas de la política, que como el que quita una mala hierba, para mantener bonito el jardín, habrá que ejecutar a quien haga falta.

Y en este tren nos montamos señores, y a toda velocidad, y llegamos a la ultima estación chirriando sobre los raíles, y nos dan esa jugosa información que es el hueso de oro para el perro fiel. Vaya información, y ahora que? ¿quién es el malo y el bueno? ¿Soy yo el feo?

GW2 puede tener algunos fallos, esa pelusa entre los cojines de los aciertos, pero una cosa es segura, sabe emocionarme, a mí y a quien vive el juego de forma intensa, llámese roleros, jugadores inmersivos, o réplicas de El Cortador de Césped.