Oro maldito

Donde manda el oro, no manda marinero.

Tiempo atrás, artesanos de la madera y acérrimos a la navegación forjaron entre las aguas el gran navío Guild Wars I. Sus maderos no eran más que descartes de otros grandes navíos, y su tripulación veteranos que habían decidido cambiar su bandera. No por ello dejaba a su capitán en vergüenza. Con los años fue sufriendo cambios que lejos de ser parches, agrandaron sus velas, los metros de su eslora y lo convirtieron en la bestia de madera que navegó desde el Mar de Jade hasta el Mar Hirviente. Cuenta la leyenda que su cubierta era dura como la madera ancestral que incluso a día de hoy, lo mantiene a flote pese a la falta de viajeros, tripulantes y batallas que demanden su uso y que así se mantendrá mientras le permitan una gota de agua donde navegar.

Y si algo sobra en los mares, son las leyendas en boca de quienes se han curtido en salitre y arrecife. Otros tantos cuentan que las aguas eran calmas cuando el gran Guild Wars I lucía su esplendor y que ni su casco era tan resistente, ni sus tripulantes tan aguerridos.

Sea como fuere, a día de hoy las aguas se han vuelto turbulentas, corrientes de cantos punzantes y astillas de barcos que ahora forman parte de los fantasmas, como las pesadillas de los más crédulos marinos. La disputa mantiene a los buques trabajando hasta el límite, pidiendo más y más de ellos; hundiendo y demacrando a más y más de ellos. Desde la A de Aion hasta la W de Wild Star.

Por si la crueldad de la naturaleza y de las batallas entre navíos fuera poca desgracia, el almirante de flotas exige tanto a su tripulación como el peor de los destinos. Desde su alto mando les exige victorias traducidas en ingresos constantes. La maldición de la sed de sangre y la del oro, convierte a los altos patrones de las flotas en insaciables seres, a menudo cercanos a las bestias nacidas de las leyendas de sus marinos.

Pero donde manda el oro, no manda marinero.

En el día de hoy, nosotros somos en parte esos grumetes, en parte viajeros a los que les ha tocado lidiar con la tormenta en alta mar. Algunos tuvimos la suerte de servir o disfrutar de los servicios en la cubierta de Guild Wars I, otros han saltado de barco tanto como olas hay en el mar o son refugiados de aquellos navíos ya hundidos. Nuestro bergantín es flamante en camarotes, mascarón y mesana, adornado como solo sus artesanos supieron sin olvidar la humilde leyenda que enmarca su popa. Las sirenas de su casco han sido talladas para embellecer su figura como para mejorar su resistencia al agua. Ha pasado buenos años, navegando y aún le quedan pues es un barco creado para surcar tantas aguas como gotas caen del cielo. Pero viajar, no es suficiente, le exigimos, que lleve nuestro botín, que porte cañones y que si es posible, sus velas nos lleven más allá del agua salada. Y está bien, con esfuerzo, hay quien ha podido ver el casco despegarse del mar. Con los años, muchos de sus marinos han ido desapareciendo en combate o atraídos por ofertas más provechosas. Otros tantos han saltado por la borda apuntados por de los altos almirantes que veían que el beneficio del viaje debe importar más que cualquier vida bajo su cargo. Pero el navío ha seguido funcionando. Desde el alto Almirantazgo de ArenaNet, se le ha pedido mayor botín, mayor velocidad y más riesgo sin reponer a sus cañoneros, al maestre o al sobrecargo.

Aquellos que crean las leyendas nacidas del salitre y las paredes de arrecifes, conocen bien la madera, y si no es tratada convenientemente se pudre en astillas húmedas corroídas por la sal sin importar el mucho oro que guarde bajo sus camarotes.

Por desgracia, Cualquiera que ni siquiera sepa la diferencia entre el rio dulce y el salado mar conoce que la maldición del oro es más difícil de borrar que la de la propia sangre. Y a este ritmo no quedará más agua que la carmesí de las venas y más sal que la de las lágrimas.

Dela el Escriba

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Dela respondió el tema: #1675 23 Feb 2017 08:54
Recuerda que de pelusas, de pelusas hilvanadas, enmarañadas en parcos colores y sin lustre alguno se ceban nuevos cojines.

Mi forma de vivir por primera vez cada capítulo, es bastante similar a la tuya. Lo roleo solo o acompañado, en mi mente añado los fragmentos de diálogo que son más propios de mí, Dela el descendiente de aquel paragón de Elona, que del comandante del Pacto. Tengo por costumbre repetir cada capítulo un par de veces, casi siempre con Auri, ladrona brabucona, algo bebedora pero pura ternura y corazón junto a algún otro de mis aliados de bits: Eisenbear, ingeniero y alquimista peculiar, el guerrero sylvari cuya semilla brotó en arrojo y ardor o Drag, la maestra de elementos cuya única jerarquía de la que entiende es la de las Legiones...

Cada día lo digo y nunca lo hago, pero debería compartir mí ficha de personaje para que conocierais un poco mejor al devoto de Kormir de cuna noble y tez tostada por Elona. Del que tanto hablo y que paciente espera (Cada vez huele más el aire a rol).

Al final, como si de GW1 se tratase, veo a mi alter guardián amparado de uno o varios héroes nacidos bajo mi puño y letra. Sea pistola, escudo o kit, cada uno ofrece una nueva visión, capaces de cuestionarle el protagonismo de la trama (entiendo al comandante, al héroe como uno grupo, donde unas veces es "x" quien habla, y otras "z" la que actúa).

Pero al final, brabucona, noble y seguidor de la osa, terminan en el mismo punto. En este concreto en el que nos encontramos, sus rostros lucen confusión, retazos de engaño, pizcas de desdén en donde siempre cabe la esperanza de no haberse equivocado. Es sin duda, cuando ni siquiera dos de ellos consiguen un acuerdo, cuando yo vuelvo en mí, suelto G13 y ratón para aplaudir (metafóricamente, sino quedaría como un loco).

Cada uno roleamos un papel, un fragmento o una compleja trilogía de razas forjadas en elementos, pieles cerúleas y vestigios del pasado, pero cuando la trama no deja indiferente a ninguno de los actores. ¡Por Kormir que ha sido buena!

Solo nos queda esperar, especular con inquina y brindar con espumeante hidromiel omnom.
Avatar de Gawain Brightblade
Gawain Brightblade respondió el tema: #1666 22 Feb 2017 02:38
La última opinión sobre el capítulo de La Cabeza de la Serpiente y la comparativa sobre ser títeres del caos me ha encantado. Cuando jugué la historia desconecté todos los Chats y la jugué saboreándola junto a un compañero. Los dos íbamos de Caballeros, leales servidores, disciplinados, con una enorme venda en los ojos descargamos nuestra espada sobre lo que quiera que sea que amenaza el Orden en Tyria. Y escuchamos a la Reina, no un derrape, porque eso sería un error, una declaración total de intenciones, haciendo gala del canto de sirenas de la política, que como el que quita una mala hierba, para mantener bonito el jardín, habrá que ejecutar a quien haga falta.

Y en este tren nos montamos señores, y a toda velocidad, y llegamos a la ultima estación chirriando sobre los raíles, y nos dan esa jugosa información que es el hueso de oro para el perro fiel. Vaya información, y ahora que? ¿quién es el malo y el bueno? ¿Soy yo el feo?

GW2 puede tener algunos fallos, esa pelusa entre los cojines de los aciertos, pero una cosa es segura, sabe emocionarme, a mí y a quien vive el juego de forma intensa, llámese roleros, jugadores inmersivos, o réplicas de El Cortador de Césped.